Darío Sarago

 

Soy como un Pessoa pequeñito que, por ser pequeño, 

se esfuerza el doble, y, por ser Pessoa, nada logra.

                                                            


Las lágrimas caen en el corazón como la lluvia en el pueblo 

Paul Verlaine


Bienvenido Darío Sarago a EL CLAROSCURO

Un gusto abrazar tu poesía  



Darío Sarago.

Desde unos convulsivos años en que la necesidad de silencio lo llevaba a leer en la altura de los techos, hasta cuando logró apropiarse del estudio en que su hermano había cultivado la biblioteca familiar, su relación con la literatura ha sido similar a la del aprendiz de brujo con la escoba en el poema de Goethe. Como aquel principió a conjurar ensalmos con que sobrellevar la extraña carga del mundo. Desde luego, también como aquel, falló, aunque obtuvo algunas satisfacciones. Su obra la conforman asimismo los libros Tantas vidas arrebatadas (2010, estudio sobre la desaparición forzada de personas en Norte de Santander) y La fiebre de los cerdos (2015, poemas), además de algunos artículos de cine y literatura. Es creador del Importantismo, movimiento en cuyo primer y único manifiesto afirma que “filosofía es cuando la poesía se pone seria”, y que “por el Importantismo solo pasa lo importante, como por la luz del Sol la Tierra”. Hoy, lector impenitente, afirma tener de poeta solo la economía, predica –nada más que a él– flotar en el sistema y persigue como único propósito no escribir más.




LA FIEBRE DE LOS CERDOS 

Caza de Libros 

Colección Prosas y Versos 

Ibagué, Colombia

2015

(selección de poemas)


Esto no es un poema


Desde luego, esto no es un poema. 

Es un pedo a la una de la tarde

cuando la mujer -qué importa si es

tu madre- recoge el latón en que comes

mirando a lugares lejanos formados en el piso. 


Pagar las copas de todos

una noche en que no te diviertes, 

o un florero roto que aún adorna sin querer 

la ventana del desván.


Aún así, aprovechas cualquier descuido

para anotarlo en tu libreta.

La misma en que figuran  algunas cuentas de gastos.


Al final, y sólo al final,

te sale eso tan brutal y asombroso

que te distingue de los demás.

El poeta debe tenderle su garra a la humanidad. 


























Viaje 

Todos conocen la marea y han visto alguna vez la
tormenta.
Mas, ¿alguien ha tocado realmente el fondo, 
aquel en que quedó abandonada la tierra de mullida
esperanza?
Allí van los pensamientos cual una caterva de ciegos,
caen en el recuerdo, tropiezan con los sueños. 
Buscar ser infinitos y eternos, siquiera un instante. 
Los despido con la mano desde una estación imposible. 
No espero que se abracen, sólo que no se empujen. 
Ya vendrá el tiempo de saber por qué el verde en el verde, 
y para qué la música en esto o en aquello.


 


















El corazón 

Reclinado el corazón en el recuerdo, 
jadeante por una ausencia, 
se dispone a verter su sangre,
marcando cada estrella.
Debemos dejar respirar lo que amamos, 
si queremos que nos dé aliento. 



Ciudad sin luz 

La ciudad queda sin luz
Entonces los poetas salen, es su oportunidad
Las luciérnagas que humean en sus labios los identifican 
Todos gritan, ellos cantan 
Todos huyen, ellos bailan

Salen para auscultar la noche
pues así todos son iguales de altos y van desnudos

Se reanuda la luz con todo su oro
De nuevo los disfraces 

La realidad es la época más dura de la vida, 
por eso cada uno busca su primavera
Volveremos a chocar indiferentes en el bulevar, 
después de haber hecho las paces con la ciudad 
Saco lleno de gatos 

















Monólogo 

Sólo la nada me refleja. 
    Ya debería estar acostumbrado. 
Sin embargo, esta salida es definitiva...la seria. 
Todo vuelve a ser congénito: de muerte.

Qué bueno es no trascender en la Historia, 
no dejar rastro, morir como es debido. 
    Se ven tan apretados en las enciclopedias. 
    Y los monumentos. ¡Es que no piensan dejarme en paz!

Ah la luna, la única moneda que deseé. 
Oh el sol, el mejor amigo del hombre. 
Ya me cansé de ellos. 
Si fuera menos inteligente, sabría que el amor hace al
sabio.

-¿Será que sí existe la vida? Es tarde para eso-

Adiós mi luz -debo despedirme hasta de mis cicatrices-,
    me dirijo a mi huesa, pero no sufro:
sólo estoy cambiando de oficina;
sólo estoy mudando de alas. 
¿Epitafio? No estoy para nadie, 
o por los lados también termina el camino.

Sueño con reencarnar en un saxofón, 
o en el perro de un pesero. 














Divagación 

El alma es un pájaro inmenso
que bate sus alas por el infinito. 
Al cerrarse los sentidos  puedes
oír su gorjeo.

Aunque el destino de acero
duela por duro, que no por pesado, 
no basta encontrar la aguja en el pajar:
Hay que saber quién la puso allí. 




Darío Sarago 

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