Ángela Acero

 

Las almas repudian todo encierro 

                   Luis Alberto Spinetta


De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. 

Escribe tú con sangre: y te darás cuenta que la sangre es espíritu 

                                                                       Friedrich Nietzsche

Me sumerjo en la hondura del alma 

y encuentro la belleza

que yace 

detrás de todas las cosas 

               Sergio Antonio Chiappe 


Bienvenida Angelita Acero a EL CLAROSCURO.

Gracias por aceptar mi invitación 



Ángela Acero Rodríguez, Bogotá, diciembre 1981. Filósofa. Con Maestría en Literatura y Cultura Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) y actualmente estudiante de Maestría en Estudios Culturales en la Pontificia Universidad Javeriana. Creció con la generación de la música en casetes, el rock alternativo y los libros para bolsillos citadinos. Tiene una fascinación por los gatos, las metáforas, los árboles y colecciona paisajes detenidos en postales; hace música y fotografía que usa en sus intervenciones poéticas. Tiene cuatro publicaciones de poesía: "Manecillas en estado alterado" (2013), "Dos días después de vos" (2016), "La Poetería" (2018) y “Los peldaños de la inercia” (2019).

 Coordina talleres de escritura para jóvenes y adultos. Cofundadora del Colectivo de mujeres escritoras “Conjuro poético”. 

Ha participado en numerosos festivales de poetas y escritores a nivel nacional e internacional y ha sido publicada en varias antologías de Colombia, Chile y Argentina. Vive en Bogotá, su ciudad natal, pero tiene un alto porcentaje de su alma en Córdoba (Argentina). Ama el cielo despejado y disfruta de las cosas simples.

Redes: FB: Mayolimbo, Angelita Acero

Instagram: Mayolimbo

Blog: http://mayolimbo.blogspot.com


*

¿Quién es Angelita Acero?

Angelita es el cariño con el que Ángela Acero ha trasegado el andar de la poesía. Desde pequeña me han dicho así y me parece que el diminutivo representa una parte muy íntima de cómo siento mi relación con el mundo poético. Soy una mujer de una alta sensibilidad en lo que respecta a las formas de expresión ante la vida. Me considero creativa y con intereses diversos en las ramas del arte. Me gusta explorar otras posibilidades con el uso del lenguaje, por ejemplo, el canto y la poesía, la música y la poesía, la fotografía y la poesía. Soy muy afortunada de poder tener el don de la expresión, la imaginación y la emocionalidad a flor de piel. 


*

¿Qué ha hecho la poesía por ti? 

La poesía me ha mostrado el camino del aprendizaje y el autoconocimiento. Ese camino no ha sido lineal; por fortuna las espirales, las fricciones, los abismos por los cuales me he visto sacudida en varios aspectos de mi vida, me han servido para reconciliarme con el dolor, la tristeza, las ausencias, el desarraigo y usarlos como herramientas honestas para escribir. La poesía, junto con la música me han dado nuevas visiones de mundo; me han permitido encontrar mi voz auténtica, mi postura ante las vicisitudes de mi entorno. Me han enseñado que la palabra poética es un acto de resistencia contra las injusticias, la violencia, el olvido y la indiferencia, y que yo soy parte de esa lucha y ese compromiso.

*

¿Cómo incentivar el gusto por la palabra poética?

Me parece que cada uno encuentra su camino para enamorarse de alguna expresión artística. No existe una fórmula que nos funcione a todos. En mi caso, mi gusto por la poesía se dio primero por la música, esa fusión entre letras y melodías que expresaban bellamente algo que quería hablar del mundo. Crecí con boleros, tangos, bambucos, guabinas… Pero para responder a la pregunta, creo que uno de los caminos más obvios para esa incentivación es la lectura; no solo de poesía sino también de cuentos, novelas, crónicas; en estas otras fuentes también podemos encontrar la poética que es la que produce en nosotros esas sensaciones, esos escalofríos, esos movimientos en el alma que nos dejan con los sentidos abiertos a otras cuestiones. Resalto también, la importancia de escuchar poesía en voz alta; ir a recitales, dejarse tentar por esas nuevas formas de abrazar el lenguaje. Siempre nos vamos a encontrar con algo nuevo y eso es muy bello.

*

¿Cómo percibes el panorama de la poesía actual colombiana? 

Siempre he escuchado que Colombia es un país de poetas. Y más allá de esta frase “cliché” de la historia, creo que las nuevas generaciones, sobre todo, han encontrado en el quehacer poético una forma poderosa de expresar sus sentires ante la cotidianidad; hablar de la ciudad y hacer viva esa voz de las calles, la identidad, la pertenencia; también el desencanto, el dolor, la protesta. Admiro mucho la posibilidad -de estos tiempos- de poder intervenir con poesía el espacio público, de hacer que la poesía sea accesible para todos, de contrastar las artes escénicas, la música, la danza, el cine con la poesía. Siento que tenemos muchísimo que aprender, pero estamos haciendo camino, estamos rescatando y valorando la palabra poética y eso está pasando en las calles, en los espacios que intencionalmente se han abierto para ello. Estamos hermanándonos en la poesía y es lindo ver cómo varias generaciones podemos compartir diversos espacios, con respeto, con admiración mutua y, sobre todo, con todo el amor a la palabra. 

*

¿Hacia dónde va la poesía?

No creo que la poesía vaya hacia algún lado, más bien da vueltas, nos abraza, nos contiene, nos eleva, nos aterriza, nos acompaña. Está con cada uno de nosotros, solo que algunos nos detenemos a escucharla, a olerla, a saborearla, a dejarla entrar en nuestra vida diaria. Algunos nos entregamos a ella como un compromiso vital, somos los que vamos y venimos con ella… ¿Hasta dónde? ¡Ya veremos!





*

Deshacerse en pedacitos,
ponerlos en un plato
en forma de migas,
esconderse tras la ventana
a esperar que los pájaros vengan
y se alimenten.

Saber que a veces 
sabemos a pan dulce,
a galletitas viejas,
a partes diminutas de sueños,
de miedos,
de eso que somos,
de lo que no dijimos.

Darnos cuenta 
que justo en un día hermoso
cerramos los ojos
y caemos por casualidad
en un platito triste
que será vaciado 
entre aleteos inocentes
que concurren entre nosotros
mientras el silencio
permanece inmóvil
con los ojos bien abiertos,
tras la ventana.

De La Poetería (2018). 
Volcán Ediciones, Bogotá



La ciudad se insola de noche,
hay tanto ruido,
tanto grito,
tanto asfalto,
una madre tropieza
y el llanto de su hijo
asusta a los semáforos.

El insomnio parece
una luz intermitente
de un cruce caótico
Alguien retrocede,
se persigna al compás 
de la cuarta ambulancia.

La ciudad se inmola
en un silencio tan confuso,
que nosotros, 
-sus hijos-
solo lloramos
para asustar a la muerte.

De Los peldaños de la inercia (2019). 
Uniediciones Editorial, Bogotá.






Me despojo de mi nombre 
dejo el alma en un vasito, 
despedazo el amuleto, 
reto al insomnio, 
salgo al balcón a dejar que la noche me encandile, 
de paso, 
arrojo cada memoria 
-hasta la más infame de las memorias- 
 
Me entrego al ruido 
mientras descuelgo los años que puse a secar ayer, 
me deslizo hacia adentro de la casa, 
finjo que soy yo, 
de nuevo. 
 
Habrá que ver si mañana 
el amuleto se recompone, 
mi nombre se despoja del tuyo 
en lo que quedó del insomnio 
cuando fingiste dormir. 
 
Habrá que ver si mañana 
puedo vestirme con años limpios, 
si mi alma sigue intacta en el vasito, 
si sobrevivieron las memorias 
-hasta la más infame de las memorias-. 
 
De Dos días después de vos (2016). 
Garcín Editores, Duitama.




El parque de diversiones
empieza en sol.
En sol,
en mí,
en vos...

La bisagra arrítmica,
onírica,
ingrávida,
el balance improvisado
del carrusel que calla...

Aún hay caballos,
en sol,
en mí,
en vos...

El mundo se deshace
en laminitas de feria
que intercalan liturgias
de luces que nadie oye...

Una angustia delira
en la rueda que no quiere
volver en sí,
ni en sol,

ni en mí,
ni en vos...
Algo ríe
escondido entre los miedos
cuando el día estalla
y el silencio afina
en sol,
en mí,
en vos.


De Los peldaños de la inercia (2019). 
Uniediciones Editorial. Bogotá. 





LOS HUESOS 

Ante el escenario herido
el silencio, la muñeca desdentada,
parece imposible escribir anatomías,
hacer estrofas de la circunstancia
o cantar un himno
menos doloroso que la ausencia

Todo parece conjugarse en los huesos
en este duro y largo camino a casa,
en este susurro de fuego y liturgia.
Todo en el aire huele a tristeza
hasta el hilo que zurce los deshechos,
la piel rota,
la pierna rota,
la niña rota,
la danza rota,
la vida aplaude disimulando la lágrima.

El ruido se descompone en perversas teorías
y se aprende a ser rama de un árbol extinto
se sigue siendo hueso en la historia caduca.

A ratos, se aligera el dolor
con el rito de perlas y regalos
somos marionetas de lo obvio
con sonrisa desdentada,
somos niñas que jugamos en lo oscuro
recordando que la herida sabe respirar.


Somos el afecto que gravita en lo innato
en un corazón con ojos
ojos de risa
ojos de piano
ojos de dedos
ojos sin ojos
ojos sin historia.

El escenario en llamas
grita su dolor y su desgarro
la niña elige tener un nombre
para nosotras, 
muñecas en ruinas
de las que solo quedan huesos
y anatomías mancilladas
aun así, sobreviviremos
cualquier piel
cualquier llanto
cualquier historia
cualquier poema.



*fotografías de Ángela Acero 



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