Jairo Duván Pardo
Voy a plantar un árbol
es probable que muera.
Yo quisiera no vagar entre los huesos
con el pan de la maldición entre los dientes.
Pero yo, voy a plantar un árbol.
Leandro Calle
A la hora del crepúsculo
cierras todas las puertas
y enciendes todas las luces
pero en la bifurcación,
en aras del equilibrio
cada luz trae su sombra.
Sergio Antonio Chiappe
Bienvenido Buda a EL CLAROSCURO
Gracias por aceptar mi invitación.
Jairo Duvan Pardo (Perro blanco o Buda): es poeta, filósofo cínico e intercultural, budista, irracionalista, ultra pesimista y sumamente Nietzscheano. Nacido en silos norte de Santander el 19 de enero 1989, de madre santandereana y padre llanero.
Bibliófilo apasionado, ha hecho de los libros su territorio espiritual. Su búsqueda atraviesa la poesía oriental y occidental, en sus múltiples edades: desde los clásicos grecorromanos, pasando por la filosofía medieval, como la del extremo oriente. Se siente particularmente atraído por la metafísica, mística y mítica, tanto en vertientes paganas como el budismo esotérico, la mística occidental y cristiana y el sufismo entre otras corrientes.
En ámbito literario, cultiva un amor especial por la literatura mítica, la comedia y tragedia, la épica, el romanticismo, la literatura gótica, el terror, y la novela negra. Otras de sus pasiones es la cerveza, al punto de ser un cervéfilo, a la que le atribuye una dimensión mística y aristocrática, disfrutándola en mesura o abundancia según la ocasión.
Su estética personal es la de un dandy o un cínico moderno. Aficionado al esteticismo. Diseñador de modas y artesano marroquinero; esta vocación se refleja en su emprendimiento una tienda cultural, que lleva uno de sus seudónimos. Perro Blanco. En él confluyen su pasión por lo hecho a mano, la elegancia y la afirmación estética de la vida como obra de arte.
Musicalmente, su herencia familiar marca su sensibilidad: el joropo por su padre, de la madre la carranga. Entre sus referencias están sobre todo a cantantes como Walter Silva, Cholo Valderrama y Aries vigoth; Así como Jorge velosa. Tambien aprecia la música culta especialmente Ludwig van Beethoven y Richard Wagner y el rock/metal de bandas como Rammstein y Amon Amarth. Melómano confeso, aspira a ser músico: disfruta tocar las maracas heredadas de su padre y desea aprender guitarra, arpa, bajo, flauta japonesa, flauta traversa y canto.
En las artes plásticas encuentra otra vía de expresión: dibuja y pinta con la intención de “hacer música con las pinceladas” e integrar imagen y palabra, evocando el espíritu del Ukiyo-e. También le atrae el teatro, en especial el clown, y sueña con fundir música, pintura, poesía y escena en una sola experiencia estética integral o de un arte total.
En el plano político, su sensibilidad de esteta lo inclina hacia imaginarios aristocráticos y monárquicos en decadencia, cercanos a la figura del Hércules de los doce trabajos y al Hércules ocioso admirado por cínicos y dandis. Sin embargo, desprecia las convenciones sociales, la fama, el poder y la riqueza, aunque a veces bromea diciendo que, de poseerlos, los emplearía para fundar un mundo aristocrático guiado por la voluntad de poder.
Practica el ejercicio como disciplina espiritual y corporal: meditación zen, chikung y yoga, y la calistenia. Ama los idiomas español, japonés, alemán, latín, griego y lenguas nórdicas y cultiva una profunda devoción por la naturaleza, la flora y la fauna, explorando ocasionalmente la herbolaria y la anatomía animal y humana.
Entre sus animales predilectos destaca el perro, hasta preguntarse: ¿Sera qué el perro tiene la naturaleza de buda? - Es amante de los caballos (Percheronas, los criollos, o los corceles). Le fascinan las aves, especialmente el colibrí y el águila, y siente una especial atracción simbólica por serpientes y dragones, figuras que asocia con el eterno retorno. A veces se imagina como un godo conquistando Roma, un germano resistiendo la expansión imperial o un samurái en guerras de clanes: imágenes que condensan su imaginario épico y bárbaro.
Entre las obras que lo han influenciado esta: Homero; Sun Tzu; Confucio; Heráclito; Esquilo; Sófocles; Eurípides; Aristófanes; Jenofonte; Platón; Diógenes de Sinope; Antistenes; Hegesias de Cirene; Apolodoro; Dion de Prusa; Luciano de Samosata; Horacio; Juvenal; Diógenes Laercio; Juliano el Apóstata; San Agustín; Ariwara no Narihira; Avicena; Al-Ghazali; Omar Khayyam; Averroes; Ibn Arabi; Farid al-Din Attar; Rumi; Hafiz; Saadi Shirazi; Tomás de Aquino; Meister Eckhart; Ikkyū Sōjun; Miguel de Cervantes; Lope de Vega; William Shakespeare; Francisco de Quevedo; Sor Juana Inés de la Cruz; Thomas Hobbes; Blaise Pascal; Baruch Spinoza; Baltasar Gracián; Montesquieu; Voltaire; Adam Smith; Marqués de Sade; Johann Wolfgang von Goethe; Lord Byron; Honoré de Balzac; Aleksandr Pushkin; Søren Kierkegaard; Mary Shelley; Giacomo Leopardi; Fiódor Dostoyevski; Iván Turguénev; Friedrich Hölderlin; Arthur Schopenhauer; Eduard von Hartmann; Julius Bahnsen; Fernán Caballero; José María de Pereda; Ricardo Palma; Jorge Isaacs; Tomás Carrasquilla; Friedrich Nietzsche; Joris-Karl Huysmans; Oscar Wilde; Emily Dickinson; Sigmund Freud; Carl Gustav Jung; Natsume Sōseki; Masaoka Shiki; Akutagawa Ryūnosuke; Yosano Akiko; Osamu Dazai; Kawabata Yasunari; Yukio Mishima; Taneda Santōka; Martin Heidegger; Carl Schmitt; Julius Evola; E. M. Cioran; Mircea Eliade; Franz Kafka; H. P. Lovecraft; Dylan Thomas; Isaac Asimov; J. R. R. Tolkien; Yevgueni Zamiatin; Philip K. Dick; Raimon Panikkar; Haruki Murakami; Jorge Luis Borges; Gabriel García Márquez; Mario Vargas Llosa; José Saramago; Andrés Caicedo; George R. R. Martin; Liu Cixin; Jorge Osbaldo, entre muchos otros.
¿Quién es Jairo Duván Pardo?
Ante todo, soy alguien que ha querido convertir su vida en una obra de arte. Me concibo como poeta, pensador de vocación ascética y buscador incansable. No me interesa pertenecer a una sola disciplina: lo que me importa es vivir poéticamente, pensar con intensidad y resistir espiritualmente la existencia.
¿Por qué Buda?
Desde niño sentí una fascinación profunda por Oriente. Con mi padre veíamos películas sobre emperadores chinos y de samuráis; recuerdo especialmente las enormes estatuas de Buda en los templos, su serenidad y su grandeza. Mi padre amaba el karate, y gracias a él empecé a amar el Oriente, sobre todo Japón.
En la adolescencia, alrededor de los 13 o 14 años, la lectura de Friedrich Nietzsche marcó mi vida. A través de él me acerqué primero al cinismo griego y luego al budismo. Durante años mi madre me decía que era un cínico; cuando comencé a leer comprendí que, en efecto, había algo de eso en mí: una inclinación a la franqueza radical, al ascetismo y al desprecio de ciertas convenciones.
Al estudiar el cinismo y el budismo sobre todo el japonés descubrí afinidades profundas: la vida austera, la libertad frente a las normas sociales, la transformación interior. Intuí que no existía un solo Buda, sino que “ser Buda” podía ser un estado de la mente, una condición espiritual.
Pasé por el cristianismo protestante e incluso consideré el catolicismo, pero ninguna de esas vías me convenció plenamente. El ascetismo budista, en cambio, lo sentí como mi camino. En ese tiempo conversaba con el poeta y escritor Jorge Osbaldo, quien empezó a llamarme “Buda”. Aunque mis ideas eran todavía vagas, el nombre quedó. Desde entonces no me he alejado del budismo.
Sin embargo, no me considero un budista convencional. Me veo más como un Nyonpa: una especie de “loco sagrado”, semejante al cínico griego que, bajo una divina locura, actúa más allá de las normas comunes, sin resentimiento ni culpa, afirmando su propia vía.
¿Qué hay en común y que distancian a Jairo del Buda?
Creo que la distancia que me separa del Buda sigue siendo, en el fondo, nietzscheana. Debo admitir que, cuando comencé a leer a Friedrich Nietzsche, hubo una época en que me volví materialista y antimetafísico. Lo interpreté de manera superficial, como si negara toda dimensión trascendente. Sin embargo, al seguir leyéndolo con mayor profundidad, comprendí que mi lectura había sido errónea: descubrí en él un metafísico sin remedio, un pensador atravesado por el nihilismo, pero no por ello vacío, sino creador.
A partir de esa comprensión, y al mirar mi propia vida, deduje que yo también lo era: un nihilista, un metafísico, y en cierto sentido, un budista de corazón “si se quiere decir así”, incluso un “Buda”. Pero afirmar esto ya es, en sí mismo, un acto de orgullo. Y el budismo enseña precisamente lo contrario: el no-ego, el desapego, la ascética llevada con radicalidad.
Ahí está mi distancia. Sigo siendo orgulloso, sigo siendo profundamente esteta. Amo la ascética, pero la amo en términos más cercanos a Arthur Schopenhauer: la contemplo desde la estética, sobre todo desde la música.
Debo confesar que nunca he sido bueno en la música. Estuve en cursos de guitarra; también en cursos de percusión, y fue la percusión lo único que realmente funcionó conmigo. Sin embargo, en vez de dedicarme plenamente a ese camino, me fui hacia otro tipo de arte: la poesía.
La poesía, para es pura música; contemplativa, rítmica, casi mántrica. Muchos Nyonpas o budas escribían poemas como vía hacia la iluminación. Por eso la practico. Y no solo la poesía: desde pequeño dibujo, y siempre he dibujado. He sido más constante en el dibujo que en la música. La poesía, el dibujo y otras artes me han acercado a ser más un Buda, pero sin dejar de ser esteta.
En resumidas cuentas, lo que me acerca al Buda es el amor por la ascética, el deseo de vivir casi como un eremita, cierta distancia frente a las personas, el amor por la naturaleza y la búsqueda de un estado mental de budeidad.
Lo que me distancia es que sigo siendo muy orgulloso y egoista de lo que debería; más que un Buda, debería acércame a ser más como el Buda histórico, Gautama Buddha.
¿Cuáles son sus influencias literarias y filosóficas?
Mi influencia central es Friedrich Nietzsche. Lo admiro como poeta, músico y filósofo. Junto a él, una constelación inmensa de autores ha moldeado mi espíritu: Homero; Sun Tzu; Confucio; Heráclito; Esquilo; Sófocles; Eurípides; Aristófanes; Jenofonte; Platón; Diógenes de Sinope; Antistenes; Hegesias de Cirene; Apolodoro; Dion de Prusa; Luciano de Samosata; Horacio; Juvenal; Diógenes Laercio; Juliano el Apóstata; San Agustín; Ariwara no Narihira; Avicena; Al-Ghazali; Omar Khayyam; Averroes; Ibn Arabi; Farid al-Din Attar; Rumi; Hafiz; Saadi Shirazi; Tomás de Aquino; Meister Eckhart; Ikkyū Sōjun; Miguel de Cervantes; Lope de Vega; William Shakespeare; Francisco de Quevedo; Sor Juana Inés de la Cruz; Thomas Hobbes; Blaise Pascal; Baruch Spinoza; Baltasar Gracián; Montesquieu; Voltaire; Adam Smith; Marqués de Sade; Johann Wolfgang von Goethe; Lord Byron; Honoré de Balzac; Aleksandr Pushkin; Søren Kierkegaard; Mary Shelley; Giacomo Leopardi; Fiódor Dostoyevski; Iván Turguénev; Friedrich Hölderlin; Arthur Schopenhauer; Eduard von Hartmann; Julius Bahnsen; Fernán Caballero; José María de Pereda; Ricardo Palma; Jorge Isaacs; Tomás Carrasquilla; Friedrich Nietzsche; Joris-Karl Huysmans; Oscar Wilde; Emily Dickinson; Sigmund Freud; Carl Gustav Jung; Natsume Sōseki; Masaoka Shiki; Akutagawa Ryūnosuke; Yosano Akiko; Osamu Dazai; Kawabata Yasunari; Yukio Mishima; Taneda Santōka; Martin Heidegger; Carl Schmitt; Julius Evola; E. M. Cioran; Mircea Eliade; Franz Kafka; H. P. Lovecraft; Dylan Thomas; Isaac Asimov; J. R. R. Tolkien; Yevgueni Zamiatin; Philip K. Dick; Raimon Panikkar; Haruki Murakami; Jorge Luis Borges; Gabriel García Márquez; Mario Vargas Llosa; José Saramago; Andrés Caicedo; George R. R. Martin; Liu Cixin; Jorge Osbaldo, entre muchos otros.
Todos ellos me han enseñado a vivir poéticamente. Sin ellos, sería otro: quizá más común, quizá más cómodo, quizá inexistente. Gracias a ellos soy alguien tranquilo, pero con espíritu guerrero, crítico y consciente de mi singularidad.
¿Para qué la poesía?
Para hacer visible lo invisible.
La poesía me permite acercarme a esa voluntad ardiente que se esconde detrás de las imágenes y las palabras. Si la música es intuición inmediata y dionisíaca, la poesía es música a través del lenguaje: las palabras son notas que atraviesan el velo de la apariencia.
No necesito que la poesía sea racional; puede ser irracional, dictada por los dioses o por el fuego interior. La poesía es mi manera de sumergirme en lo oscuro del mundo y devolverlo transformado en ritmo, respiración y forma.
¿Qué ha hecho por ti la poesía?
Ha sido mi camino hacia la música y hacia mí mismo. Desde niño escribí versos libres; luego intenté con yambos y sonetos; más tarde me sumergí en el haiku, el tanka y el chōka durante más de diez años, combinándolos con el dibujo.
No busco premios ni reconocimiento. Si llegan, los aceptaré; pero no es eso lo que me mueve. La poesía me ha permitido superarme, acercarme a la figura del sabio cínico, del Buda, incluso del Übermensch nietzscheano. Me ha elevado sin dejar de recordarme, aunque desprecie a veces ser humano.
¿Qué esperas de la poesía?
Espero que me ayude a trascender y a soportar el mundo. He tenido épocas de profunda depresión en las que la poesía no me ha dejado morir por completo. Espero que siga sosteniéndome, que me enseñe a resistir la tragedia de la existencia, a convertirme en un artista total y, finalmente, en obra de arte. Y cuando llegue el momento, deseo que incluso mi muerte sea poética.
Lamentos del último emperador
Canto I:
Nacer entre siervos
Nací entre siervos viles y sombríos,
en lodos turbios, faltos de nobleza;
no entre varones hechos a grandeza,
sino entre rostros torpes y vacíos.
Bebí de Nix los hielos más impíos,
templó su noche en mí la fortaleza;
forjó mi voz con grave fiereza
y alzó mi frente sobre los hastíos.
Dejé su seno oscuro y silencioso,
crucé la carne frágil hacia el duelo;
guardé en mi sangre un fuego silencioso.
Hoy cae mi cuerpo exhausto sobre el suelo,
mas vive en mí lo eterno y orgulloso:
no muere el fuego cuando cae el cielo.
Estribillo
Mi voz resuena: nada entrego yo.
Todo retorna al fuego venidero.
Canto II:
Vivir en amargura
Vivir entre el querer y no saber,
subir montañas sin jamás ceder;
arder por dentro y nunca desvanecer,
temer la vida y no poder vencer.
El cuerpo avanza, firme en su deber,
cansado ya de nunca redimirse;
la mente insiste en siempre desasirse
y vuelve al abismo sin querer ceder.
Maldita fiebre amarga que aconseja,
negar el arte y abdicar la vida,
invocar dioses rotos por costumbre.
¿Renuncio al tedio vil que me aqueja?
¿Abrazo el llanto en sombra sostenida?
¿O cedo al fin y muero en la desdicha?
Tankas
I
Sobre colina
En su sobriedad leve
Y la nobleza,
Los dioses se ocultan,
bajo su traje arden.
II
Dentro las hierbas
Cúmulo de huesos aun
Preso a cadenas.
Lo acompaña un cuervo
Vigilando sus sueños.
III
Las manos llenas
De sangre gotean en la
Ciudad de Paria.
Las flores se marchitan
A causa de parricidio.
Haikus
Agua de Estio
Los siervos rodeados por
Aves rapaces.
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Corazón muerto
Los colmillos urden
¿Nesuferitu?
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