Juan Carlos Acevedo Ramos

 

El amor es solo la certeza

de creer en el destino

sin que el azaroso final nos muerda

con sus dientes de sable

                   Ana Patricia Collazos 


Cuando suene el viento en los almendros,

te ha de conmover el car de una hoja.

Jader Rivera Monje 

Del punto A al punto B sólo hay una línea recta

                           que se fracciona en soledades.

                                 Sergio Antonio Chiappe 


Bienvenido Juan Carlos Acevedo a EL CLAROSCURO

Siempre es un privilegio abrazar tus versos y sentir su abrazo.



JUAN CARLOS ACEVEDO

Manizales, Colombia, 1973. Poeta, ensayista y divulgador cultural. Ha publicado los libros de poesía: Palabras de la tribu (2001), Los amigos arden en las manos (2010), Noticias del tercer mundo (2010), Historias alrededor de un fogón (2012), Los huéspedes secretos. (2014), Correo de la noche (2018), La casa en el invierno (2020), Mujeres sin sombra (2023) y Pájaros de humo (2026). 

Obtuvo en Colombia el Premios Nacional de Poesía “Eduardo Cote Lamus” 2023, el VI Premio Nacional “Carlos Héctor Trejos”, 2015 y el Premio Nacional de Poesía Descanse en Paz la Guerra”. Casa de Poesía Silva 2002. 

Algunos de sus poemas hacen parte de varias antologías en Uruguay, Chile, Ecuador, Colombia, México, Cuba, Estados Unidos, España, Italia, Bulgaria, Rumania, Grecia e Islas Canarias. 

Es profesional en Bibliotecología de la Universidad del Quindío. Diplomado en Escritura Creativa de la Universidad Tecnológica de Pereira. Es miembro de la Academia Caldense de Historia.  



FANTASMA DEL VIENTO

Bajo la sombra tutelar de la nostalgia

veo una mano, un cuerpo arqueado, otra sombra.

Me reconozco en medio de la sala

y pienso entonces en días más felices.

Me descubro siendo el mismo hombre 

que nunca ha volado y jamás cruzará el mar.

Sé que soy un aprendiz de la luz y el movimiento,

apenas un hombre de provincia

que no puede hablar de altos edificios,

de luces de ciudad,

y elegantes prostíbulos con olor a menta.

Se muy bien que las autopistas 

y los vendedores de marihuana me son ajenos

y el ruido ensordecedor de la guerra me es propio

porque mis huesos 

hacen parte de este país de ausentes.

No conozco las montañas

ni puedo distinguir los nombres de los árboles.

Soy de pueblo, 

apenas salgo al traspatio de la casa

a ver en las cuerdas de la ropa 

una gota sujetarse a la vida.

Mi viaje más largo ha sido a la Plaza de los Negros

donde gentes pobres venden cuerpos y maíz.

Conozco, a ojo cerrado, 

los callejones de la Plaza de Mercado

sé a que huelen pisos y paredes

y puedo entrar de espaldas en la vieja biblioteca.

Soy un hombre encerrado en sus palabras.

Prisionero justo de mis miedos.

Emperador del polvo, del silencio, del ayuno.

Tomo aguardiente en cantinas 

donde mi padre sentiría vergüenza 

y juego el juego ruin de los reproches.

He dejado el alma en un camastro 

y he besado a la belleza en los tobillos.

Soy un hombre simple 

que amenaza al odio con palabras,

que sale cada día 

a quitar las vendas a los muertos,

a curar heridas en los brazos de mis hijos,

a limpiar cuchillos que manchan las calles

de este triste barrio de provincia.

Estoy aquí

bajo el dintel de mi puerta -sin cerrojo-

sin más amuletos que estos versos,

ofendiendo los recuerdos,

escuchando un coro de ángeles que desconozco.

Estoy aquí -Fantasma del viento-

observando en los alambres del patio

 una gota temblar mientras se sujeta a la vida.




BIOGRAFÍA MÍNIMA DE UN PALABRERO

Abuela me enseñó el misterio que habita en las palabras.

Imponía su silencio en medio de la noche

para que yo, niño aún, la escuchara pronunciar: 

candil, desierto, tempestad y chinchorro.

Me enseñó que dentro de la palabra raíz

un corazón se agita 

para llenar de esperanza los días del hambre 

y en la palabra voz

están contenidas todas las músicas del mundo. 

Ella dijo: profundo, en la palabra abismo, 

arde toda la luz que buscan los pájaros.

De ella aprendí que la palabra cosmogonía 

lleva en cada letra la historia de todos nosotros.

Viví como quien encuentra en las palabras l

a cartografía secreta de un viejo buhonero.

Cada día fue un redoblar de tambores en la acequia. 

Días hechos con sonidos de letras indomables. 

Nunca supe que hacer con ellas.

Hoy, cuando los años reclaman 

los secretos de la infancia, 

invoco a Abuela y su fantasma 

para que revelen el misterio

de las palabras que olvidé.

Para Vito Apüshana

palabrero mayor.




REVELACIÓN

Hoy

mi calendario

suma la edad de los bosques y descubro

que la noche

es un puerto iluminado que abandono.


*

Biografía mínima de un palabrero










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