Mario Torres Duarte
Despertó con la sensación de que el incidente había sido un sueño.
Adrián Curiel Rivera
Es un gusto para EL CLAROSCURO dar la bienvenida a Mario Torres Duarte
Un gusto abrazar tu voz
Fotografía de Marcela Sánchez
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Mario Torres Duarte
Barrancabermeja, Colombia. Licenciado en matemáticas, escritor, editor y gestor cultural.
Durante 20 años trabajó en empresas editoriales del grupo Santillana y de Círculo de lectores.
Sus crónicas, caricaturas y artículos han sido publicados en periódicos como Con-fabulación, Seshat, Medio Magdalena, la revista Lecturas Críticas y la revista cultural de la Universidad Libre de Socorro.
Ha sido invitado a los festivales internacionales de literatura de Zamora, México (2011); Facatativá, Colombia (2013, 2017); Vuelven los Comuneros Santander, Colombia (2013, 2014), Girardot, Colombia (2017, 2018). También ha sido jurado del Concurso de Crónicas del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia (2016).
Actualmente es director de la Fundación Castellares, coordina el encuentro cultural Punto de Convergencia que se realiza con regularidad los viernes en la librería y anticuario Balzac en Bogotá.
En el año 2021 publicó su libro de cuentos Todo pasó en abril.
A cuenta gotas
Breve antología de la incertidumbre
Solo somos tú y yo
Y ese abismo...
HULDA DE LOS ESPÍRITUS DEL VIENTO Y LA MAR
La vieja Hulda a pesar de ser analfabeta y profetisa bíblica ciega, ya de vieja seguía leyéndole el tabaco con certeza a peregrinos, nativos, extraviados, cazadores, a todos, a todos menos a los recién nacidos y a los muy próximos muertos.
En su diminuta cabaña de madera nórdica, tenían que encontrarla entre sus fumaradas confundida con la helada neblina. Su larga cabellera negra y blanca, blanca y gris como el humo meciéndose con ella desde el piso, delataban la silueta de la secreta hechicera.
Una vez aprobara la lectura, Hulda pedía al pretendiente que mojara su boca, aspirara el cigarro y botara su humo muy, muy lento hacia arriba para conectar su alma con el cielo, luego estiraba la mano, tomaba el tabaco y con fuerza los agarraba con sus transparentes dientes amarillos, curvando hacía abajo su cuerpo.
Narraba, como cuentera en gravísima voz, lo que veía en ese mundo de salivas secas y pavesas móviles del humeante, revelando sus secretos, a los que sus maestros del viento y la mar, quienes la dotaron del don de la profecía, le habían dado permiso de revelar, salvo que la muerte se asomara con cara del leído, entonces la vieja se silenciaba y sus ojos expulsaban lágrimas negras que, convertidas en carbón, restregaba en su cara con sus manos trémulas de venas tristes espantando a cuanto ser vivo estuviera bajo su techo, incluso insectos y cuervos.
“Soy la sombra de sus tiempos míos que dejó de existir”, se le ha escuchado cantar.
Ciega la vieja, siente el interior de los otros más allá de sus presentes, cuando le dejan sus mojadas almas en el tabaco seco.
Ya de vieja, la vieja Hulda
Ya de Hulda, la pitonisa ciega
Ya de ciega, la amarga maga
Ya de maga, la negra suerte
Ya de suerte, la Hulda muerta…
Cantan al amanecer los elfos, de las cavernas a los árboles, desde el bosque hasta la mar.
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